Crónica de un tabique desviado

By fokka85

Este post retoma lo que empecé a escribir en “una cosa lleva a la otra“.

La Admisión

Después de un día tranqui en el laburo y con una sensación de hambre en constante ascenso, a las 14.30 llego al Sanatorio Los Arroyos para someterme a una cirugía de tabique.
Me anuncio en recepción. La recepcionista me dice que aguarde sentado a que me llamen.
Me pongo a charlar un rato con mi vieja. Ella se va a comprar una tableta de paracetamol a la farmacia de enfrente.
Una mujer pregunta:”Fornero??”, me levanto y me dice: “Pase por admisión. Derecho, el primer consultorio a la izquierda.”
Entro y me atiende una rubia de 30 y pico. Me toma los datos, me pone una pulsera con mi nombre y apellido. Llega mi vieja y se sienta. La “admisionista” me entrega unos papeles para que firme: consentimiento de la operación, consentimiento en caso de necesitar transfusión de sangre y un par de papeles más. Me explica que lo del consentimiento para la transfusión es por los Testigos de Jehová y el quilombo que les pueden hacer.

En fin, firmo todo obedientemente no sin antes pegarle una leída superficial.
Como para no quedar tan inconciente de firmar algo que no leí. Pone todos los estudios y demás cosas en un sobre de plástico y me lo da. “Esperen que en seguida los llevan a la habitación”, dice la mina.

La 123

Al rato, una enfermera nos guía hasta la habitación 123. 1,2,3 out.
Limpia, prolija, ordenada, relativamente moderna, un flat tv de philips estaba atornillado a la pared. Le daba ese toque de modernidad. Lo quise prender pero no encontraba el control remoto. Lo busco por todos lados pero no aparece. Golpean la puerta. Entra una enfermera. Me toma la presión, y me comunica que dentro de 1 hora me van a poner un sedante.
“El baño ya está preparado para que te des una ducha antiséptica. Y te ponés la bata, sin remera, sin ropa interior.”

Las primeras visitas y la antisepsis

Entran chaucha y naka al dormitorio. Los saludo, charlamos un rato y entro al baño. La ducha es de uno por uno. El agua sale calentita al toque. A mi derecha tengo un dispenser con jabón líquido. Me lavo todo el cuerpo a excepción de la cabeza. Me seco y me pongo la bata. Listo, limpito y como dios me trajo al mundo. Charlo un rato más con mis amigos. Tocan nuevamente la puerta. Es otra enfermera. Me toma otra vez la presión y se pone a escuchar mis pulmones. Me toma el pulso con la mano.
“Dentro de unos minutos te van a colocar un sedante y después al quirófano”. Se va.
Sigo conversando un rato. Chaucha me dice algo así como: “te dan esa pichicata y después te rematan en el quirófano”. Me río ante el hecho de q lo está comparando con un matadero… y yo soy la carne de cañón.

Todo listo para el “golpe de gracia”

Golpean por tercera vez. Es la primera enfermera. Pide que se retiren todos de la habitación. Me hace poner culo pa’rriba.
“Va a doler un poco”, avisa. Y pincha nomás. Siento cómo el líquido se esparce por todo el cachete. Al principio sólo sentí el pinchazo, después empezó a molestar el líquido en sí mismo. Saca la aguja y masajea la zona con algodón humedecido.
“Dentro de un rato te vienen a buscar para llevarte a la sala de operaciones. Ya orinaste? hiciste tus necesidades?”. Le contesto que no, pero que dentro de un rato me voy a echar un cloro (esas fueron las palabras exactas, a lo guarro). “Te diría que vayas ahora, porque después…”, sugiere la enfermera dando a entender que en cualquier momento quedo ñócate.
Le hago caso. Voy al baño, hago pis y me recuesto en la cama.
Al rato empiezo a sentir un poco de sopor. Chaucha y naka, sentados en la cama de al lado, me dicen algo. Viene una enfermera, me da el control remoto y me dice: “de ahora en más es tú responsabilidad”. O algo así. Estoy medio confundido.
Cambio de canal un par de veces. Zzzzz. Primer apagón.

Ida y vuelta al quirófano (ahora lo ves, ahora no lo ves)

Entran dos enfermeras con una camilla. Me hacen cambiar a la camilla.
Me ponen el típico gorrito de hospital. Me llevan por un pasillo. Cierro los ojos. Ya estoy casi totalmente inconciente.
Paramos un rato. Me tapan con una frazada. Creo ver una enfermera con un gorrito/cofia de central y a otra con uno de argentina. Creo que me presentan al Dr. González, el que me operó y ya conocía. No lo reconocí demasiado debajo del barbijo.
Aunque sí reconocí los penetrantes ojos detrás de sus anteojos redondos. Zzzz. Bss, bss.
Me hacen pasar de la camilla a la cama. Me sacan el gorrito. Creo que dormí una hora o algo así. Despierto, pero no recuerdo el momento exacto en que lo hice. Fue como deslizarme lenta y paulatinamente hacia el mundo terrenal. Un viaje muy sutil que no me deja establecer un instante preciso en el que adquiero conciencia.

Vuelta a la realidad
La habitación está callada y a oscuras. Veo a naka, chaucha y nicolás. Los saludo. Hablamos un rato. Miramos un rato televisión. Me entre duermo y al instante siguiente me encuentro despidiéndolos a los 3.
Zzz, despierto y veo al negro sentado en la cama de al lado. Lo saludo y le agradezco la visita. Creo que estuvo un par de minutos y después se fue. Ya eran las 19.30. Entra mi vieja, prende una luz tenue.
Me comenta un poco sobre la operación:
- Tardó más de lo previsto (cerca de 2 horas en vez de 1)
- Tuvieron que reconstruir mucho cartílago
- Encontraron todo tipo de “porquerías”
- Me tuvieron que entubar (no piensen chistes fáciles)
- El médico les preguntó si había sido golpeado o había inhalado algún tipo de sustancia dado el nivel de destrozo
- Sacaron mocos tan finos como hilos
Durante las 2 horas de operación hubo mucha preocupación por parte de mis familiares. Les agradezco a todos ellos. Calculo que esas horas les habrán parecido días. Sobre todo a mis viejos y hermana. A ellos, muchas gracias.
Estoy incómodo en la cama. Sigo sin ropa interior. Me pongo el boxer y una remera, asistido por una enfermera. No me ayudó a poner el boxer, simplemente la remera.

La comida

Golpean la puerta por 6°, 7° u 8° vez. Traen una bandeja con comida. Me enderezo en la cama, emocionado ante la idea de una rica comida. “Esto es para tu mamá”, dice la nutricionista. Se nota en mi cara la decepción. “Ahora te traemos algo livianito.”, vuelve la alegría a mi rostro. Entra mi viejo. Me puedo dar cuenta que está cansado y que estuvo preocupado.
Al rato, me traen:
- un caldito (que parecía agua sucia)
- Puré de papa y calabaza
- Flan
- Dos sobrecitos de sal
Pruebo el caldo y ahí me doy cuenta lo complicado del asunto: comer con la nariz totalmente obstruída es una tarea que tiene sus mañas. No podés respirar cada vez que tragás y eso crea una especie de ventosa que te apuna los oídos y hace un ruido raro cada vez que tragás. Como una especie de sopapa. Bastante gracioso. Me costaba más pasar lo líquido más que lo sólido.
Por eso dejé la mitad de caldo. Comí el puré con mucho gusto, después de echarle sal. El flancito estaba muy blando y rico.
No sobrevivió el minuto.
Mi viejo se va a la terminal a buscar a mi hermana.
Viene una enfermera y me da un antibiótico. Sale y apaga las luces.
Me levanto de la cama, agarro el suero y me siento en un sillón que estaba junto a la ventana. Charlo un rato con mi vieja.
Le hago una especie de balance de mi vida (quizás este tipo de experiencia te vuelve existencialista, no sé). Le comento que estaba muy contento por la reacción de la gente. “Se preocuparon todos los que necesitaba que se preocuparan”, le digo. Desde los familiares (absolutamente todos: tías/tíos, madrina, abuelas), pasando por el círculo de amigos más cercanos y finalizando con la persona más importante.
Me quedo un rato en el sillón y después vuelvo a la cama. Contesto un par de sms’s.
Caen mi viejo y hermana. La saludo, le agradezco por haberse venido de Córdoba para verme. Charlamos una media hora. Nos reímos de un par de boludeces. Se van a comer y a dormir.

Una larga noche

Prendo la tele. Engancho alguna peli pochoclera. 15 minutos después la apago, decidido a dormir.
Me entreduermo una hora o algo por el estilo. Tipo 2.30 me despierto. Siento un fuego en el costado izquierdo de la nariz. Se pasó el efecto de la anestesia. Trato de relajarme pero no hay caso. Me duele la cabeza y me empieza a molestar el brazo donde tengo el suero.
3.30 no aguanto más y le digo a mi vieja que llame una enfermera para que me de algo. Se pone las zapatillas y sale a buscar una. A los 5 minutos viene con un suerito. “Tiene diclofenac. Esto te va a calmar”, dice. Sale de la habitación. Me empieza a picar el brazo, tengo una sensación de comezón y fuego bastante intolerable. Le aviso y nuevamente sale en busca de la enfermera. Viene, mira el suero y lo hace circular más despacio. “Debe ser porque circula muy rápido y tu brazo no lo tolera”, comenta. Yo pensé, “Encima ésta me trata de debilucho!”. Estaba muy irritable.
El calmante tarda en hacer efecto. Media hora, un poco más quizás. Finalmente logro dormir un par de horas.

Día 1
Despierto tipo 8-9. Entra una mujer y me pregunta sobre el desayuno. Le pregunto si puedo tomar un café con leche y me contesta que sí.
Al rato cae con el café y 4 vainillas. Mojo las vainillas en el café y lo termino de tomar con pajita.
Traen “La Capital”. Leo un par de artículos. Uno sobre Bush y la crisis de E.E.U.U. y un par más que no recuerdo.
Me sacan el suero. Recupero una sensación de libertad que antes no tenía. Voy al baño.
Estamos a la espera del médico. Mi vieja va a preguntar al office de enfermería por el doctor. Le contestan que no tiene horario. Quizás llegue a las 11, 12 o 1 del mediodía.
Vienen a limpiar la habitación.
Llega el otorrino tipo 11.30. Lo saludamos. Me pregunta si tengo dolor y le contesto con “tengo un poco de molestia en el lado izquierdo”. Dice que es normal. Me receta un analgésico y un antibiótico, y me dice que el martes a las 3.30 vaya a su consultorio para que me saque los tapones.
Le doy la mano, le agradezco (mi vieja hace lo mismo) y se va.
Segundos después entran mi viejo y mi hermana. Vuelvo a estar molesto a causa del dolor. Pido que me traigan un analgésico que nunca llega por parte de las enfermeras. Asique mi viejo se cruza a la farmacia a comprar lo que recetó el médico.
Vuelve con los medicamentos y me tomo un diclofenac a las 12.15 aproximadamente. Se me parte la cabeza y tengo otra vez esa sensación de quemazón en la nariz. Máximo grado de irritabilidad. Pido, casi ordeno, que empiecen a tramitar el alta. Les comunican que todavía no tienen ningún papel, que cuando tengan algo, llaman.
Viene una nutricionista a preguntarme si quiero algo de comer. Haciendome la idea de que iba a tener para rato, decido comer ahí: Uno sorrentinos con salsa roja.
Pasa media hora o más. Me cambio y me siento en el sillón cerca de la ventana. La cabeza me pesa 50 kilos y me late la nariz.

Quilombo afuera

Se escucha un grito y al instante empieza a llorar una mujer. “Saquelo de ahí doctor!!”. Un minuto después se escucha por el altavoz: “Código azul en la habitación 107. Repito: código azul en la habitación 107″.

Un paciente vecino había sufrido un paro cardiorespiratorio. Creemos que el tipo (o mina) espichó. Siguen los llantos de la mujer.

Mi hermana va a preguntar de vuelta por el alta y a cancelar el pedido de la comida.

Unos minutos después suena el télefono. Contesto ansioso, esperando que sea por el alta. No es por eso. Es para confirmar que se canceló el pedido del almuerzo.

El alta

Finalmente, suena el teléfono. Atiende mi vieja. Ya están los papeles para el alta. Juntamos todas las cosas y salimos de la habitación. Nos cruzamos con una enfermera y le damos el control remoto. Le agradezco. Salimos por la puerta principal. Mi viejo nos está esperando con el auto enfrente. Subo y volvemos a casa.

Llego, me saco las zapatillas y la campera y me acuesto. Todavía no había echo efecto el sedante. Me cuesta dormirme. Después de un tiempo lo logro. Despierto 2 horas más tarde. Mucho mejor.

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Una respuesta para “Crónica de un tabique desviado”

  1. Nico WT Dice:

    Hola….mi nombre es Jorge Casas (de Dr. House) te molestaria que tome esta narracion para hacer un capitulo de mi serie? Algo me dice que seria muy divertido…….jajajajajaja. Un abrazo.

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